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En
la parte central de Portugal, la más variada paisajísticamente,
podemos distinguir varias regiones bien diferenciadas. Desde la desembocadura
del Tajo hasta la desembocadura del Duero la costa recibe el nombre
de Costa de Prata, mientras que el interior comprende la parte
de las llamadas Montanhas que limita al norte con la región
de Tras os Montes. A efectos prácticos, vamos a circunscribir
este recorrido por el centro del país a las provincias de Estremadura
y Ribatejo, Coimbra, Beira Litoral, Beira
Alta y Beira Baixa
ESTREMEDURA
Y RIBATEJO
Esta región ha jugado un papel trascendental en la historia de
Portugal, como lo atestiguan los numerosos monumentos que en ella se
encuentran. La parte sur de la zona costera, la Costa da Prata,
es además una oportuna alternativa para el visitante más
proclive al baño de sol y mar, pues en ella se encuentran playas
tan urbanizadas como las del Algarve y otras que conservan el encanto
de su naturaleza en estado prácticamente virgen.
Comenzamos el recorrido precisamente por el sur de la costa, y recalamos
en Torres Vedras, metida un poco hacia el interior, y famosa
por las construcciones defensivas creadas allí por el general
británico Wellington durante la guerra de la Independencia española.
Junto a las ruinas de las antiguas fortalezas se encuentran dos impresionantes
iglesias del siglo XVI. En el Museo Municipal hay exhibiciones permanentes
sobre la citada guerra de Independencia de España. Muy cerca
de Torres Vedras se extiende la magnífica playa de Santa Cruz,
tranquila y acogedora. Un poco más hacia el norte y más
deshabitadas están Areia Branca, Loutriña,
y Consolaçao.
Peniche
es un importante puerto pesquero con un buena playa y unos interesantísimos
astilleros artesanales, que sirve de punto de embarque hacia la paradisiaca
isla Berlengá, que, situada a 10 km de la costa es una
auténtica maravilla natural. En ella sólo viven unos cuantos
pescadores, pues ha sido declarada reserva ornitológica. En verano
sus aguas son muy transparentes, haciéndolas ideales para el
buceo. Ofrece tremendas oportunidades para el paseo y la acampada, y
no hay que dejar de visitar en ella el Forte de Sao Joao Baptista y
el Furado Grande, un impresionante túnel de 75 metros de longitud.
Hacia el interior, aún cerca del mar, aparece la encantadora
ciudad medieval de Obidos, dominada por las torres de un castillo
en que han instalada una Pousada. Se le denomina la 'ciudad nupcial',
pues los reyes portugueses solían dársela como regalo
de boda a sus reinas. Callejuelas estrechas, espectaculares rincones
e iglesias y ventanas floridas armonizan con los pórticos manuelinos.
Entre las más bellas destaca la renacentista Iglesia de la Misericordia
o la gótico-románica de la Senhora do Carmo. Todos los
sábados se celebra un animado mercado, y en la calle principal
se ubica un centro de artesanía en el que se pueden comprar magníficas
piezas.
Cinco
Kms. al norte de Obidos se encuentra Caldas da Rainha, que en
el siglo XIX alcanzó gran esplendor como balneario de la nobleza
y la realeza. Aunque queda poco de este apogeo, merece la pena visitar
el Real balneario hospital y el excelente campanario manuelino de la
iglesia de Nossa Senhora do Pópulo.
Subiendo por la costa hacia el norte, Sao Martinho Do Porto es
uno de los principales centros balnearios de la zona gracias a su magnífica
playa, protegida del Atlántico por bancos de arena, haciendo
de ella casi una piscina natural. Un poco más arriba está
uno de los pueblos más pintorescos de la Costa da Prata: Nazaré.
aunque se ha desarrollado enormemente en lo últimos años,
sigue conservando su sabor marinero, y es una delicia pasear por su
casco urbano. Hay que subir al barrio de Sítio en el magnífico
funicular y contemplar la vista que ofrece el miradouro. La playa, un
poco peligrosa, la constituye una extensísisma franja arenosa
muy concurrida en los meses de verano.
Muy
cerca, hacia el interior, se encuentran dos ciudades, prodigiosas por
sus monumentos: Alcobaça, con su Monasterio cisterciense
de Santa María, que data del siglo XII y que está clasificado
como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En él están
las tumbas de el Rey Don Pedro y de Inés de Castro. Son impresionantes
su iglesia abacal, la cocina y el claustro. La otra población
es Batalha, con el Monasterio de Santa Maria da Vitória,
también Patrimonio de la Humanidad que, mandado construir por
Joao I en 1385 para conmemorar la definitiva victoria sobre Castilla,
constituye el fascinante ejemplo del estilo gótico y, sobre todo,
manuelino. En el panteón del Monasterio se encuentran los sepulcros
de su fundador y de sus hijos, entre los que se encuentran los del impulsor
de los Descubrimientos, Enrique el Navegante. Todo en el Monasterio
es grandioso, pero destacan la Capela do Fundador -donde se encuentran
las tumbas-, el Claustro Real y las Capelas Imperfeitas, maravillosa
obra que recuerda los grandes santuarios islámicos e hinduístas.
Fátima
Después de Lourdes, en Francia, Fátima es el principal
lugar de peregrinación mariana de Europa. Aquí, en 1917,
tres niños vieron una aparición de la Virgen, que sería
seguida de otras, alguna de las cuales fueron presenciadas por miles
de personas. En conmemoración de aquellos hechos, se construyó
una inmensa basílica y una enorme explanada que puede
llegar a acoger a más de un millón de fieles. El lugar
adquiere su mayor esplendor los días 12 y 13 de mayo, cuando
se celebran las peregrinaciones anuales que recuerdan el día
en que sucedieron las apariciones.
A 34 km se encuentra Tomar, en el que el Convento de Cristo,
antiguo bastión de la Orden de los Templarios, es conocido por
su joya más famosa: la célebre ventana manuelina. También
es digno de ver el castillo medieval construido por Gauldim Pais,
Gran Maestre de la Orden de los Templarios, en 1160.
Santarém
es la capital del Ribatejo, la zona taurina de Portugal por excelencia,
y es una de las ciudades con más historias de Portugal, pues
ya en época de los romanos era un importante centro administrativo.
Aunque no queda nada de esta época ni de la árabe, sí
se pueden admirar las manuelinas Igreja de Marvila e Igrejade Graça.
La iglesia de Sao Joao de Alporao es hoy un interesante museo arqueológico.
En esta zona están los pastizales en los que se crían
las mejores reses y caballos de la fiesta taurina portuguesa. Se dan
importantes corridas durante la celebración de la gran Feira
Nacional da Agricultura, que tiene lugar en mayo. También
hay corridas en verano y en abril y octubre, durante las celebraciones
de las Feira de MIlagre y Feira de Piedade, respectivamente.
COIMBRA
En esta región encontramos la tercera gran ciudad histórica
del país, Coimbra, situada en lo alto de una colina por encima
del río Mondego. Tiene una aire melancólico y agradable
gracias a sus callejuelas, ambiente cultural y monumentos. Fue la capital
del país de 1143 a 1255 y su famosa Universidad, fundada
en 1290 en Lisboa y trasladada en 1537 de forma definitiva, es el principal
monumento de la ciudad.
Con sus 56.000 habitantes, el mejor momento para visitar Coimbra es
en el mes de mayo, durante la celebración de la Queima das
Fitas, fin de curso de los universitarios. Es el tiempo de fado,
del fado de Coimbra. Es inevitable la visita a la Universidad
Vieja, con muchas incorporaciones barrocas. Se distribuye alrededor
de un Patio das Escolas, por cuya puerta central se pasa a la Capela,
con revestimiento de azulejos y recargados elementos decorativos muy
elaborados (pórtico manuelino). A la izquierda encontramos la
famosa biblioteca, fantástica fantasía barroca. La riqueza
contenida es impresionante: adornos de pan de oro, incrustaciones de
ébano, lacas de estilo chino, techos con frescos que buscan la
profundidad con la perspectiva y lo más valioso de todo, los
volúmenes antiguos y raros, que no están a la vista.
El segundo monumento a visitar es el Museo Machado de Castro,
que ofrece una de las perspectivas más bellas de la ciudad. En
él hay innumerables tesoros, destacando los medievales. Pero
sería digno de visitar incluso vacío. De planta renacentista,
debajo contiene el Criptopórtico romano, galerías
subterráneas que sirvieron de cimientos al edificio. Al lado
del museo se encuentra la Sé Velha (Catedral Antigua),
obra medieval, románica, con inconfundible aspecto de fortaleza:
maciza y cuadrada por fuera, austera y sencilla en el interior.
Más lejos, hacia el noreste, al otro lado de las puertas de la
ciudad, se ubica el Monasterio de Santa Cruz, remodelado infinidad
de veces a lo largo del tiempo. Su exuberante fachada y su rara doble
puerta marcan la pauta de un estilo recargado, el manuelino. Por últimos,
destaca el Convento de Santa Clara-a-Velha, que, aunque se halla
en estado bastante ruinoso, poco a poco se está restaurando y
su planta gótica resulta impresionante. Conviene visitar el Convento
de Santa Clara-a-Nova para ver la tumba de la reina Isabel, de plata
maciza, sin olvidar el claustro. Es recomendable dar algún paseo
por el Jardim Botânico, al Sur de la ciudad y conviene
dejar unas pocas fuerzas para la noche y los restaurantes de la ciudad
que, al ser universitaria, dispone de comidas buenas y asequibles y
de noches alegres y divertidas.
Los
Alrededores de Coimbra
Al sur de Coimbra se encuentran las ruinas de Conimbriga, al
asentamiento romano más importante de Portugal. Es toda una ciudad
romana: casas con impresionantes mosaicos, fuentes restauradas y en
funcionamiento, termas y calefacción subterránea. Tiene
un museo en el que se pueden ver joyas, armas, monedas, y demás
objetos fascinantes.
Cerca de Coimbra se encuentra la localidad de Buçaco,
famosa por su Parque Natural creado en el siglo XVII por los monjes
Carmelitas. Hoy en día se calcula que hay más de 700 clases
de árboles gracias a los cuidados de los monjes. Poco más
al este aparece la ciudad balneario de Luso, que dispone de infraestructura
turística para disfrutar de sus termas.
Al oeste, Figueira da Foz se presenta como una de las ciudades
más animadas de la costa occidental. Es una ciudad acogedora
y turística, situada a mitad de camino entre Lisboa y Oporto.
Su playa es inmensa, tanto de larga, como de ancha, pues se tardan al
menos 5 minutos en cruzarla en su totalidad. Tiene zonas de gran oleaje
y otras más protegidas en las que se puede nadar a gusto. En
la ciudad, aparte del encanto de sus calles, hay que disfrutar del museo
de la Rua Calouste Gulbenkian y de los magníficos azulejos de
la Casa do Paco. Muy interesante y variado es el mercado permanente
de la Rua 5 de Outubro.
BEIRA
ALTA Y BEIRA BAIXA
Hacia el interior de la Costa da Prata, en la región montañosa
de las Beiras, se encuentran algunos de los lugares menos explorados
de la geografía portuguesa. Si el visitante quiere relajarse
tras el ajetreo del las playas del sur y el oeste o de las grandes ciudades,
la región de las Montanhas, como la llaman los lusos,
es el lugar ideal para relajarse y convivir de verdad con las comunidades
que las pueblan.
En el centro de la región se encuentra la meseta en la que se
alza la señorial Viseu, con su magnífico casco
antiguo, sus murallas y las dos imponentes puertas por las que se accede
a la ciudad, que conserva en sus callejuelas el sabor de la Edad Media.
En su patrimonio monumental destaca el acerbo del Museo Grao Vasco,
con una importante colección de la escuela portuguesa del siglo
XVI, sin olvidar su imponente catedral.
La
Serra da Estrela
Entre Santa Comba Dao y Guarda se extiende la Serra da Estrela,
que conforma un paisaje de elevados riscos y pastizales resecos. Región
inhóspita, en contra de lo que pudiera suponerse, sus habitantes
son bastante más amistosos que los de otras regiones portuguesas
no acostumbradas a recibir turistas.
Guardia
se encuentra a más de 1.000 metros de altitud -es una de
las ciudades más altas de Europa- lo que propicia que en días
claros se vea claramente el paisaje de la vecina España. Guarda
posee un fascinante casco antiguo de calles empedradas y una curiosa
catedral construida entre los siglos XIV y XVI, por lo que se mezclan
en ella varios estilos arquitectónicos.
Al sur de Guarda se encuentra la sierra propiamente dicha, y en ella,
en el valle del río Mondego, Linhares se muestra como
la ciudad más atractiva de la comarca. En él se puede
vivir la Portugal rural en su máxima expresión, pues el
pueblo no ofrece ninguna comodidad para turistas. Su iglesia contiene
pinturas atribuidas a Grao Vasco. También es interesante su castillo
y la calzada romana que conducía hasta Braga.
El resto de la sierra está lleno de pequeñas y encantadoras
localidades, alguna de ellas situadas a gran altura, que ofrecen excelentes
paisajes, como Seia, Belmonte, donde nació Pedro
Álvarez Cabral, Covilha o Sabugal.
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