PORTUGAL - SITIOS DE INTERÉS

EL NORTE DE PORTUGAL

En el norte de Portugal se encuentran probablemente los mejores paisajes del país, diferenciados según las tres regiones principales que lo componen: el duero con su fértil valle, los verdes frondosos al estilo gallego del Miño, y el abrupto y variopinto conjunto de valles y montañas de Tras-os-Montes.

LA REGIÓN DEL DUERO

Oporto

Su nombre original, Portocale, dio nombre al país y fue la cuna de la nación portuguesa que se extendería hacia el sur. Sus exportaciones y sus vinos son las dos principales actividades de una ciudad que une sus dos orillas con 3 puentes, de los que el más importante es el de Dom Luis I, de la escuela de Eiffel, que une el nivel inferior, los muelles y el superior, a la altura de los acantilados. Atravesando el puente llegamos al monumento barroco más alto, la Torre dos Clérigos, a la que se puede subir (225 escalones, 70 mt. de altura) para contemplar todas la urbe e, incluso, los viñedos más cercanos. Bajando la Rua dos Clérigos llegamos a la Estación de Sao Bento, con una sala de azulejos que ilustran la vida popular. Desde allí, por la Rua da Flores (calle llena de palacios barrocos y fachadas con blasones), se llega a la Iglesia de la Misericordia y, subiendo unas escaleras, a la de Sao Bento da Vitoria, que posee un magnífico ejemplo de talla dorada en su altar mayor.

La calle Belo Monte conduce a la iglesia barroca de Sao Joao Novo y al Museo Etnográfico, bella residencia del siglo XVIII que alberga parte de la vida de la ciudad. Al lado se encuentra el Palacio da Bolsa, que tras una fachada neoclásica esconde un vasto Salón Árabe que sorprende a los ojos. Siguiendo la calle Dom Henrique aparece la bonita Iglesia de Sao Francisco que, fundada en la época romana y pese a su fachada gótica, es un claro ejemplo del barroco y rococó de Oporto y de la talla dorada. Subiendo la calle se llega al conjunto que forman la Catedral de Oporto, el Palacio Episcopal y la Iglesia dos Grilos. En la capital del barroco, el aspecto de fortaleza medieval de la catedral resulta sorprendente: se trata de un de los primeros romanos, aunque ya muy transformado y su altar mayor es barroco. La iglesia y el palacio nos dan nuevas visiones del barroco en Oporto.

Pero no debemos abandonar la urbe sin visitar la Iglesia de Santa Clara, donde no se encuentra un solo centímetro que escape a la expresión barroca del siglo XVIII; la Iglesia de Codofeita, bello y excepcional ejemplo de simplicidad romana; el Museo Nacional de Soares dos Reis, con fabulosas muestras del arte portugués del siglo XVIII y XIX; y los museos de La Quinta da Macieirinha y de Guerra Junquero, de los que son protagonistas el Romanticismo y los azulejos, respectivamente.

Cuatro puentes unen la ciudad a Vila Nova de Gaia, un suburbio donde se esconden las bodegas que guardan el famoso vino, que se pueden visitar y degustar. Merece la pena realizar alguno de los paseos turísticos en barco por el río, en los que se cruza por debajo de los cuatro puentes.

POR EL LITORAL

En esta región hay, por todas partes, huellas de civilizaciones antiguas: dólmenes, poblados celtas y romanos y vestigios de la Edad Media.

Para encontrar buenas playas en la Costa Verde -como se denomina a esta parte del litoral- hay que subir hacia el norte, hacia Vila do Conde y Póvoa de Varzim, ya que en el sur están muy contaminadas. Vila do Conde es un importante centro turístico de playa, pero no ha perdido el atractivo de su primitivo carácter. Cuenta con un bonito barrio medieval que se ilumina bellamente durante las fiestas religiosas. Está dominado por el Convento de Santa Clara, hoy convertido en reformatorio. Del siglo XVI es la Igreja Matriz, también muy hermosa. Pero ante todo, la mayor atracción de Vila do Conde es su magnífica playa, larga y limpia, y llena de bares y restaurantes siempre muy animados.

Povoa do Varzim se encuentra muy cerca de Vila do Conde, pero es bastante diferente, pues está mucho más desarrollada turísticamente, y cuenta con un casino y una larga fila de hoteles. Está siempre llena de turistas nacionales, lo que le da una gran animación. Especialmente recomendables son sus restaurantes, exquisitos y con precios razonables. Además de la playa, Povoa cuenta con un interesante Museu Etnográfico, que exhibe colecciones que ilustran las formas de vida de los pescadores y campesinos de la región.

HACIA EL INTERIOR POR LOS VALLES

Los valles del Duero y sus afluentes componen uno de los paisajes más espectaculares del país, con laderas unas veces fértiles y otras escarpadas, con profundas gargantas unidas por maravillosos puentes.

El curso del río Támega salpica su recorrido de inmensos pinares y viñedos. Destaca de entre las poblaciones que lo bordean Amarante, con los preciosos balcones de madera de las casas colgando sobre la misma corriente del río. Sus orillas están llenas de bares y cafés, y en verano se pueden alquilar hidropedales para dar paseos por el río. Entre sus monumentos destacan el Convento de Sao Gonçalo, de origen pagano, y el Museu Municipal Amadeo de Sousa Cardoso.

Pasado Amarante se llega a la Sierra de Marao, que alberga la región conocida como Terras do Basto, muy fértil y en la que se produce un fuerte vinho verde. Las principales poblaciones de esta región son Celorico de Basto, Monte Farinha, y Cabeceiras de Basto. No poseen grandes riquezas arquitectónicas o monumentales, pero son lugares muy tranquilos, con bellísimos paisajes que permiten caminatas muy saludables. Y qué decir del vino para acompañar las comidas.

Hacia la frontera española, el Duero sigue ofreciendo magníficos paisajes plagados de los viñedos que acabarán produciendo el líquido por el que se conoce a Oporto. En esta región destaca sobremanera Lamego, ciudad rica rodeada de lujosas quintas y que cuenta con una espléndida arquitectura urbana, llena de mansiones barrocas. Aquí se encuentra también una de las mayores construcciones barrocas de Europa, la iglesia de Nossa Senhora dos Remédios, centro de peregrinación que domina gran parte de la ciudad. Entre los monumentos sobresale también la catedral, de estilo renacentista y con un bello claustro. Un palacio dieciochesco alberga el magnífico museo regional. A 3 km de Lamego, la aldea de Balsemao posee una notable capilla del siglo VII.

LA REGIÓN DEL MINHO

Pasa por ser la más bella de Portugal por sus valles fluviales, sus montes cubiertos de bosques y sus playas semi desérticas. Es una región pequeña, muy rural y conservadora en lo político. Sufrió graves problemas de despoblación a partir de los años 50, pero los emigrantes han comenzado a retornar. En el Minho meridional se encuentran las dos ciudades más importantes de la provincia; Guimaráes y Braga.

Guimaráes

La histórica Guimaráes está muy ligada a la fundación de Portugal y fue la primera capital del reino. El casco antiguo es una sucesión de plazas y calles medievales sobre las que se alza, al norte, el imponente Castelo donde nació Alfonso Enriques, padre de la nación lusa. El conjunto está yuxtapuesto a la pequeña y bonita capilla románica de Sao Miguel, situada en la ladera que asciende al castillo. Enfrente de ella se encuentra el magnífico Paço dos Duques, antiguo palacio de los duques de Braganza; su interior está cubierto de tapices antiguos. Desde el castillo hasta el centro se va por la bella calle de Santa María, llena de arcos y rejas, por la que se llega al Convento de Santa Clara, del siglo XVII, ahora el Ayuntamiento. En las encantadoras plazas abiertas al final de la calle, entre varios edificios atractivos, destaca la Colegiada, iglesia convento construida para cumplir el voto del rey Juan I si llegaba su victoria definitiva sobre Castilla. En el centro de la Colegiada, en un sencillo claustro románico, se instala el fascinante Museo Alberto Sampaio, que alberga el tesoro de la Colegiada, de gran belleza y valor, en el que destaca el 'Tríptico de la Natividad', encontrado en la tienda del rey de Castilla tras la victoria lusa. También es digno de visitar el Museo Martins Sarmento, cuyas piezas proceden de las cercanas citânias de Briteiros y Sabroso. La más hermosa de las iglesias de la ciudad es la de Sao Francisco, situada en el lado sur del parque municipal: inmensas escenas de azulejos de San Francisco predicando, elegante claustro y fuente renacentista. Si queremos buenas vistas de la ciudad las podemos tener desde la pousada de Santa Maria da Costa, antiguo monasterio medieval muy bien conservado, situado en las laderas de Penha, a 6 Km. al sureste.

A medio camino entre Guimaráes y Braga se encuentra la citânia de Briteiros, uno de los restos arqueológicos más impresionantes de Portugal. Son celtas y datan de la Edad de Hierro, pero hay algunos mucho más antiguos, del Neolítico.

Braga

Poco más al norte, llegamos a Braga, ciudad orgullosa de su pasado de urbe romana (Bracara Augusta) y de capital de un reino suevo. Ciudad que destaca por su impresionante celebración de Semana Santa. Su Praça de la República está dominada por la Torre de Menagem, desde donde se puede ir a los lugares de interés por la Rua do Souto: la (Catedral), la más antigua del país, es de distribución irregular y está formada por elementos góticos, renacentistas y barrocos sobre una base románica de 1.070. En su interior destaca un museo muy completo y tres capillas exteriores, en especial la Capela dos Reis, construida para albergar las tumbas de los padres de Alfonso Enriques. En las inmediaciones de la ciudad hay tres fascinantes centros religiosos: la iglesia de estilo visigodo de Sao Frutuoso de Montélios, el monasterios benedictino de Tibaes y el Santuario del Buen Jesús del Monte, una de las imágenes más conocidas gracias a sus monumentales escalinatas de granito y yeso, con una fuente en cada uno de los nueve rellanos que van desplegando la alegoría del Bom Jesus.

Para los amantes del aire libre, al norte de Braga se encuentra el Parque Natural de Perede-Gerês, santuario ecológico de más de 70.000 Has. con cascadas de agua, cumbres rocosas y flora variada.

Más hacia el norte llegamos a Barcelos, ciudad conocida por su artesanía y por su grandioso y famoso mercado (todos los jueves), donde se encuentran objetos representativos de todo la zona. En ella nació la leyenda del emblema turístico de Portugal, el Gallo.

Viana do Castelo

Siguiendo hacia el norte, sobre el estuario del Río Lima, aparece Viana do Castelo, con un conjunto arquitectónico que refleja su pasado como importante centro marítimo en el período de los Descubrimientos: la Plaza de Erva, uno de los pocos y bellos ejemplos de manuelino de Portugal, que se encuentra al lado de una oficina de turismo; en el centro de la ciudad, la singular Plaza de la República adornada con su bellísima fuente renacentista y la antigua y curiosa Misericordia, que constituye uno de los edificios más originales del Renacimiento luso; las iglesias de Santo Domingo y de Nuestra Señora de la Caridad, y en casas nobles de estilo medieval. Casi al final de la Rua Manuel Espregueira se encuentra el Museo Municipal, con una exposición que recuerda la opulencia de la ciudad en los siglos pasados. El Monte de Santa Luzia domina la ciudad; a él podemos subir en el funicular que hay detrás de la estación de ferrocarril. Arriba tendremos unas espectaculares vistas de la costa y la ciudad, además de los restos de un 'castro' celtíbero. Para ir a la playa tenemos que cruzar el río Lima, y la mejor manera de hacerlo es en el transbordador. Si hace sol, la playa es perfecta y se extiende por el norte hasta la frontera (Caminha), y por el sur, hasta Pávoa de Varzim. Merece la pena pasear por los muelles de la ciudad.

Hacia la zona más septentrional de la región, el río hace de frontera natural con Galicia y el paisaje se confunde con el de la vecina Galicia. Una de las poblaciones más interesantes de la región es Caminha, un pequeño puerto fluvial que todavía conserva restos del esplendor que tuvo en tiempos. En su casco antiguo destaca la Igreja Matriz, y a dos kilómetros al sur se alza la Fortaleza da Ínsua, en una pequeña isla en medio del río.

Un poco más al norte, la pintoresca Valença do Minho es el paraíso de las compras de los españoles que a diario acuden a los cientos de tiendas del centro del pueblo. Este está encerrado en unas imponentes murallas árabes muy bien conservada, y restauradas por última vez en el siglo XVII.

A 16 km al este de Valença, Monçao también tiene una fortaleza que la rodea, aunque no tan bien conservada como la de Valença, por lo que la ciudad es mucho menos turística y, en consecuencia, más tranquila. En su casco antiguo se alza una hermosa Misericordia del siglo XVII, con una preciosa azulejería. También hay bellos azulejos en la Igreja Matriz, de estilo románico y situada en un laberinto de callejuelas muy típicas.

TRAS-OS-MONTES

Tras-os-Montes es la región tradicionalmente perdida de Portugal. Su durísimo clima y un suelo estéril en su mayor parte hacen que las inversiones de la Unión Europea y la creciente modernización del país apenas hayan cambiado su endémica marginación. Si hubiera que buscarle un paralelismo en España, probablemente los Monegros serían el símil más adecuado. La región está dividida de forma natural en dos mitades: la del sur es más fértil y oficialmente llamada Alto Douro, aunque más conocida como Terra Quente (Tierra Caliente). Al norte, a partir de Mondagouro, el terreno es un frío erial, en el que sólo el florecimiento de los almendros a finales de febrero pone color.

Comenzando por el sur encontramos Vila Real, ciudad señorial en la que se puede visitar el Solar de Mateus, residencia-palacio barroca del siglo XVIII rodeada de los extensos viñedos que producen el famoso vino de Oporto, en este caso, el rosado. Rodeada de montañas, es un punto de partida para organizar excursiones a pie por las vecinas Mateus, con su Palacio, y Panóias, con sus restos romanos.

Cruzando un puente romano sobre el Río Támega, hacia el oeste, en la frontera con España, Chaves es famosa entre cierto tipo de turistas por el balneario de manantiales que brotan a 73 ºC. Destacan sus iglesias de origen románico Santa Maria Mayor y la Magdalena.

Bragança

Hacia el norte, no de los lugares mas llamativos es Bragança, con su Ciudadela, un pueblecito dominado por un imponente castillo y rodeado de murallas medievales perfectamente conservadas. El tiempo no parece haber transcurrido por sus calles. Su edificio más representativo es el Domus Municipalis (único ejemplar de arquitectura románica civil de Portugal), construido en el siglos XII, y que hoy es el Ayuntamiento. Además, es obligada la visita al Museo del Abade de Baçal, que contiene tesoros de arte sacro y mobiliario. Hacia el sur, para los amantes de la naturaleza, se abre un gigantesco desfiladero abierto por el Duero.